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Vagabond: Conocer la espada es conocerse a uno mismo

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Cada cierto tiempo, una obra que parecía destinada a ser disfrutada por un público muy concreto, casi  podríamos decir concebida para ocupar un  nicho comercial determinado, trasciende esa barreras invisibles que se construyen sobre filias y gustos colectivos, para pasar a formar parte de la cultura popular.

En más raras ocasiones esas obras logran la mayor; conjugar el éxito comercial con el reconocimiento de la crítica especializada. Sucedió hace más de dos décadas con Maus de Art Spiegelman, un comic eminentemente underground que se servía de un recurso arriesgado, animales antropomorfos como protagonistas, para narrar la historia de su padre superviviente del holocausto.

Vagabond pertenece sin lugar a dudas a esta última categoría de obra universal, sin que por ello renuncie a las señas de identidad propias del manga y la cultura japonesa.

Takehiko Inoue nos cuenta la historia de Miyamoto Musashi, legendario samurái errante que vivió  en las postrimerías del Sengoku Jidai; el Periodo de los Reinos Combatientes. De hecho el inicio del manga se sitúa en la batalla de Sekigahara, considerada el punto de inflexión de esta era, en la que el daimio Tokugawa Ieyasu se hizo con la victoria frente a los seguidores del clan Toyotomi, inaugurando así un periodo de estabilidad  prolongada bajo el shogunato que lleva su nombre, el shogunato Tokugawa.

Fuente: www.mangareader.net

Aunque Sekigahara supone el fin de la guerra en Japón, para Musashi no es sino el comienzo de una conflagración interior, una lucha para encontrarse a sí mismo. Al comienzo de la historia es poco más que un adolescente, pero uno que ha conocido la guerra y ha templado su espada. Orgulloso y consciente de su habilidad, no duda en enfrentarse a quienquiera  se le ponga por delante. Pero cada vez que entabla combate se enfrenta tanto al rival como a sí mismo, y no pocas veces derrama sangre sólo para demostrar que es el más fuerte. Afortunadamente cruzará caminos con Takuan Soho, un monje budista de la escuela Rinzai que le hará percatarse de que, en tanto no se libere de la rabia que le domina jamás podrá alcanzar la maestría en el arte de la espada, y más importante, en la vida. Para ello, y habiendo alcanzado por fin algo de paz,  se embarca en el “musha shugyō”, un viaje geográfico y espiritual que llevaban a cabo los samuráis con el objetivo de perfeccionar su habilidad marcial.

Musashi se convierte progresivamente en un personaje complejo, que va añadiendo a su volcánica personalidad nuevas facetas resultado de interactuar con innumerables personajes. La grandeza de este ronin reside precisamente en su capacidad de aprendizaje y su fuerza de voluntad. Es un hombre liberado de todo prejuicio, que se ha criado salvaje y libre en las montañas. Convencionalismos sociales típicamente japoneses como la vergüenza o el respeto por la autoridad no le constriñen. Por ello Musashi, a diferencia de la gente que le rodea, está siempre en constante evolución. Si ha elegido un camino que le aleja de su objetivo lo desanda, si es derrotado, trata de comprender la técnica del enemigo y reproducirla.  El fracaso se convierte en un estímulo para  mejorar, y esta constante la aplica a la espada, la caligrafía, la talla de budas, la meditación…En definitiva Musashi cambia, pero su meta permanece inalterable; convertirse en “el más fuerte bajo el sol”.

El manga, sobresaliente en todos los capítulos, alcanza cotas de obra maestra con la introducción de Sasaki Kojiro, otro samurái histórico y que fue el rival más famoso de Miyamoto, representado aquí como un delicado y letal espadachín sordomudo. El autor utiliza la tara de Kojiro como pretexto  para explotar al máximo los recursos estilísticos del comic, haciendo prevalecer el componente visual sobre el escrito, concibiendo imágenes que impactan por su pureza y su carga narrativa. Las escenas en las que Kojiro observa cautivado  el romper de las olas contra los acantilados son una metáfora perfecta de su actitud hacia el combate. Kojiro no es consciente de toda la violencia, la confusión, el estruendo que acompaña el batir del mar, tan sólo percibe belleza.  Igualmente, cuando encara al enemigo, es ajeno a sus insultos, al silbido de la hoja al abandonar la vaina, las peticiones de clemencia no le distraen, el estertor que preludia la muerte no le atormenta en sus sueños… El combate es su medio de expresión y Kojiro es un artista.

Aunque el que escribe estas líneas ya conoce el final de una historia mil veces contada en el cine y la literatura japonesa, el talento con el que el autor desarrolla la trama no hace sino alimentar la expectación por descubrir con cada tomo los pasos que conducirán a estos dos gigantes hacía el inevitable duelo final. Una lucha de estilos cuyo desenlace será con certeza amargo para el lector, quienquiera resulte victorioso.

Miyamoto

Sólo me queda invitaros a que deis una oportunidad a este manga y os unáis a Miyamoto Musashi en su peregrinación, un auténtico tour de force que nos cambiará a nosotros tanto como a él.

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