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Recomendaciones freakasadas: Relatos de terror

Publicado por: Alexander Bukarov

Dentro de unas a pocas semanas las secciones del tiempo de todos telediarios dejarán de hablar de ciclogenesis explosivas y sólo entonces sabremos con certeza que el invierno ha quedado clausurado oficialmente. Llegará la primavera, el cielo se despejará, y la calidez incipiente nos invitará a salir a la calle a cometer fechorías. Antes de que llegue ese momento queremos aprovechar el par de fines de semana grises y lluviosos que tenemos por delante para invitaros a que hagáis la segunda cosa más divertida que se puede hacer bajo una gruesa manta de lana; leer relatos de terror.

La siguiente lista ha sido testada por profesionales en condiciones extremas de penumbra y aislamiento en las montañas del norte peninsular. ¿Su veredicto? Da mucho miedito.

Palomas del Infierno (Pigeons From Hell) de Robert E. Howard.

Robert E. Howard es el paradigma de escritor intemporal. Imaginativo, original, impermeable a las críticas…vale que se voló la tapa de los sesos nada más alcanzar la treintena, y eso suele suponer un obstáculo para hacer carrera, pero Howard había dejado escritas tantas obras que se siguieron publicando inéditos suyos ¡hasta bien entrado los años ochenta! A Howie le deberemos siempre haber concebido a Conan el Cimerio y desarrollado prácticamente de la nada todo un género, el de espada y brujería, sin el cual cierto escritor no habría escrito cierta serie de novelas. Pero hizo mucho más, su fecunda imaginación y necesidad de ingresos coincidieron con el boom editorial de los Pulp Magazines cuando cada semana parecía surgir una nueva revista, lo que le permitió explorar la ghost story, los relatos picantes, de detectives, el western y, si amigos, ya llega, el terror.

Pigeons from Hell está considerada una de las mejores historias de terror en lengua inglesa. Sin duda varias de sus escenas se quedan grabadas a fuego en la memoria, agazapadas para acosarnos en lo más oscuro de la noche. Howard ubicó esta historia en su querido Sur, explotando la vertiente siniestra de estas tierras; esclavitud, orgullo de raza, soledad y viejas rencillas. En palabras de su narrador; “Para mi la brujeria se relacionó siempre con las antiguas ciudades de Nueva Inglaterra….pero esto es más terrible que cualquier leyenda de Nueva Inglaterra. Esos pinos sombrios, esas antiguas mansiones abandonadas, las plantaciones perdidas, los misteriosos negros, las viejas leyendas de locura y horror”. End of spoilers. Si sois unos vagos redomados o sentís inclinación por los garabatos, Dark Horse ha publicado una versión de la historia en cuatro tomos que es una auténtica delicia.

Los misterios del gusano (Jerusalem’s Lot) de Stephen King

Sería ingenuo por nuestra parte pensar que vais a pasar todo el fin de semana leyendo. Lo entendemos, no pasa nada. Nosotros también esperamos durante la semana ese momento en el que poder liberar la tensión acumulada y sacar el macho que llevamos dentro rompiendo a sudar. Sí, estamos hablando de hacer bricolaje. Pero, por si alguno de vosotros vive en una bonita casa de campo o en un coqueto chalet, os recomendamos que bajéis al sótano a por las herramientas antes de leer este relato. Si no seguís este orden es posible que jamás terminéis de montar ese práctico y útil especiero colgante.

Los misterios del gusano o Jerusalem’s Lot en su versión original (el gremio de traductores de títulos lo ha vuelto a hacer) comienza como tantísimas historias del género cuando un hombre se muda a una vieja mansión. Pero como la premisa está muy trillada, Stephen King recurre al género epistolar para darle un toque singular. Así que este desafortunado inquilino va narrando a cuentagotas sus experiencias cada vez más siniestras en la pretérita casona a un desconcertado destinatario. Os sorprenderá como al poco rato nos sentimos tan impacientes como si estuviéramos esperando una carta de verdad. Si tenéis una vena cabrona podéis probar a hacerlo en la vida real. Decidle a un colega que vais a visitar a vuestra tía abuela en una aldea de Huesca y empezad a mandarle mensajes de Facebook comentando lo “escalofriantes que son los chirridos de las bisagras a medianoche”, o como “me he despertado al sentir una presencia en la cama”. Ya veréis que risas. La historia está muy influenciada por los Mitos de Cthulhu y seguro que la ambientación le recordará a más de uno el excelso Alone in the Dark original.

Casa tomada de Julio Cortazar.

Me la voy a jugar al incluir este cuento en la lista. Julio Cortazar es un escritor muy respetado, un escritor de fama mundial que sólo tangencialmente cultivó el relato de terror y fantástico. Como algunos de sus compatriotas (Borges, Bioy Casares…) Cortazar escribe desde la suficiencia estilística y hace gala de un profundo conocimiento del léxico, las formas, y el arte de narrar en general. En resumen; es un escritor total. Cuando un genio de este calibre se interna en un género tan efectista como el terror pueden pasar dos cosas, éxito absoluto o fracaso estrepitoso.

Casa tomada afortunadamente transita la senda de lo primero, y aunque se nota desde el primero momento que no estamos ante un relato macabro es capaz de ponernos la piel de gallina con meros detalles. Si funciona tan bien es por que explota el miedo a lo desconocido, citando a cierto escritor que sabía del tema: la emoción más fuerte y antigua de la humanidad es el miedo, y el miedo más fuerte y antiguo, es el miedo a lo desconocido.Además para aquellos que busquéis algo más que un escalofrío este cuento puede leerse en clave política y simbólica y todo esto en unas pocas páginas. Lo bueno si breve dos veces bueno y si lo ha escrito Cortazar tres.

El reparador de reputaciones (The Repairer of reputations) de R.W. Chambers

Dada nuestra pasión por True Detective, la presencia de un relato perteneciente al ciclo del Rey de Amarillo era casi obligada. Me ha resultado difícil escoger uno en concreto, ya que todos los que componen esta pequeña saga de terror son cuentos magníficos. Si me he inclinado por El reparador ha sido por la indescriptible sensación de desasosiego que imprime este relato en la imaginación del lector. Más bien fantasía, ucronía y algo de misterio que terror puro y duro, El reparador nos sitúa en el Nueva York de unos años 20 en los que la Primera Guerra Mundial no ha tenido lugar, los judios han sido expulsados de Estados Unidos, se ha creado un estado independiente para la gente de color y el suicidio ha sido legalizado y casi favorecido por el gobierno con la creación de las Cámaras de Muerte; una especie de monumentos a la eutanasia semejante a ciertos templos de cierta serie de novelas. La lectura gana en matices al saber que este relato se publicó en 1895, sin que el estilo de Chambers haya sufrido lo más mínimo el paso del tiempo.

Gravitando alrededor de la obra ficticia El Rey de Amarillo y su parafernalia mitológica (Carcosa, Hastur, Cassilda) la mayor virtud de este relato reside en su capacidad para sumergir al lector en la mente de su protagonista y hacernos cuestionar su cordura en cada acto. Poco más que añadir sin desvelar detalles de la trama. Al igual que ciertos escritores New Age consideraban el Necronomicón un libro verdadero y a H.P Lovecraft una especie de heraldo de los dioses cósmicos (escritores que entiendo se lo pasaron en grande en los 60) me gusta especular con la idea de que Chambers llegara a escribir El Rey de Amarillo y lo escondiera en algún cajón temeroso de que pudiera verdaderamente inducir a la locura…..En cualquier caso os recomiendo este relato y estarías locos de remate si no le dierais una oportunidad.

El blues de la sangre de cerdo (Pig blood blues) de Clive Barker

Si buscáis gore y casquería Clive Barker es un valor seguro. Sus relatos suelen tener lugar en escenarios convencionales e inofensivos en los que el terror se filtra pausadamente en la rutina del día a día hasta rasgar violentamente el velo que separa realidad y pesadilla. Barker es por derecho propio un maestro del terror contemporáneo y ya lo advertimos; no está hecho para estómagos débiles. Si estáis familiarizados con la película Hellraiser, basada en una de sus más famosas novelas, ya sabéis a lo que os enfrentáis.

El blues nos mete en la piel de un policía retirado que acepta un trabajo como educador en un reformatorio de menores, allí se topará con un muro de secretos levantado en torno a la desaparición de un joven interno. El desenlace aunque previsible no es menos impactante y provoca la nausea tanto como el miedo. Si tenéis ocasión haceos con el volumen en el que se incluye esta historia (“Libros sangrientos I”) pero por vuestro bien y el de la alfombra del salón, evitad leerlo un día de resaca.

Ambiciones y reflexiones de Belen Esteban (o su negro)

La premisa de esta novela preludiada por Boris Izaguirre es sobrecogedora. España, año 2014. Belen Esteban, ex mujer de torero, princesa del pueblo y madre de Andreita, domina los medios de comunicación sin apenas oposición. Esta moderna ciudadana Kane y su camarilla de tertulianos se ha propuesto borrar de un plumazo la brillante cultura de un país que alumbró a genios de la talla de Cervantes, Velazquez o Lorca con la siniestra intención de imponer la dictadura del chándal de poliéster. En esta España distópica se libra una feroz guerra entre las diezmadas fuerzas de la resistencia lideradas por el paladín Arturo Pérez Reverte y las innumerables hordas de canis, chonis y viceversa que apoyan a la celebrity. El autor, al tiempo que va desgranando los detalles más personales de la vida y desventuras de esta sacrificada madre, entre otras su lucha contra la adicción al azúcar glas, aporta valiosos consejos para preparar croquetas que nos queden bien crujientitas.

Ejemplo de buena ciencia ficción en la línea de 1984 o Fahrenheit 451, es la clase de novela que nos hace plantear preguntas del tipo ¿Qué hubiera ocurrido si en España no se hubieran aprobado 5 leyes de educación distintas en 20 años? ¿Es posible que con 5 millones de parados no haya un estallido social? ¿Puede un futbolista de 2ªB cobrar más que un becario con tres masters? Afortunadamente podemos disfrutar de este perverso ejercicio especulativo en la tranquilidad de nuestro hogar, sin temor al desahucio, y con la seguridad de que tal descalabro jamás sucederá.

Si os ha picado el gusanillo del misterio podéis encontrar la mayoría de estas historias en la nunca suficientemente alabada editorial Valdemar, salvo la de Belen Esteban que a día de hoy va por los 100.000 ejemplares vendidos y está agotada en casi todas las librerías. Y vosotros qué pensáis ¿cuáles son vuestras sugerencias para provocar escalofríos?

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TRUE DETECTIVE: El infierno son los otros

Publicado por: Vic y Alexander Bukarov

Rust Cohle tiene un espejo del tamaño de un botón. Exceptuando un crucifijo que cuelga sobre la cama es el único detalle decorativo del apartamento. La “cama” es un colchón tirado sobre el suelo, ni rastro del somier. Un par de sillas de playa y una cafetera completan el mobiliario.

Rust Cohle se define a sí mismo como nihilista, aunque en términos prácticos admite ser un realista. La sobriedad de la habitación le emparenta en todo caso con los cínicos.

El detective Hart se acerca a la pared donde está incrustado el espejo, afina la linea que separa sus párpados como si mirara directamente un eclipse de sol. La pupila vidriosa le devuelve un guiño burlón.

-¿Se supone que con esta cosa puedes verte los dos ojos?-

(…)

Es arriesgado reseñar una serie cuya primera temporada aún no ha terminado de emitirse, pero habiendo superado ampliamente su ecuador (seís capítulos de ocho previstos) True Detective nos ha ofrecido más profundidad que la mayoría de ficciones en todo su recorrido televisivo. Por ello, y por el revuelo que está provocando  en webs especializadas y espectadores por igual (Freakasados incluidos) Alexander Bukarov y Vic se atreven a ofrecernos un análisis personalísimo de esta Obra de HBO.

Digámoslo ya para quitárnoslo de en medio;True Detective es una serie compleja. No es un producto de sobremesa y en España ni siquiera lo sería de prime time. Es una serie para un público adulto, concebida para disfrutarse en la medianoche y a ser posible en soledad. Es la serie perfecta para yonkis noctámbulos, rebosante de referencias que se van dejando caer en diálogos y escenarios de manera aparentemente inocua, pero que una vez analizadas, desmenuzadas, y puestas en relación nos revelan detalles ocultos de la trama. Y es una serie que no va hacer concesiones al espectador. Ninguna.

El punto de partida del eterno retorno

True Detective es en esencia un relato de intriga policial, el testimonio de dos detectives que investigan varios asesinatos durante un periodo de casi dos décadas. Por lo tanto si habláramos de géneros podríamos clasificarla en el policiaco o en el thriller, pero nos quedaríamos cortos. True Detective es mucho más. Está salpicada de elementos propios del terror. De un terror sutil, atmosférico, opresivo, que utiliza la sugerencia más que la exhibición. Además hay pinceladas de costumbrismo que la revisten de una autenticidad ausente en la mayoría de los procedurals que aparecen en televisión. Y es una buddy movie muy singular, fundamentada en la relación abrasiva y retorcida entre sus protagonistas. A día de hoy lo único que tengo claro es que no es una comedia. Si exceptuamos alguna frase aislada de humor corrosivo al estilo de John Carlin (ese momento; “Significa que no se me dan bien las fiestas”).

Dejando a un lado el apartado visual que merecería un artículo propio (¡ese plano secuencia del capítulo cuarto!) a nivel narrativo True Detective no es revolucionaria en las técnicas empleadas pero sí que es endiabladamente inteligente. Nic Pizzolato desempolva ciertas herramientas muy efectivas que no suelen utilizarse en la pequeña pantalla y que contribuyen a elevar la calidad varios enteros; unreliable narrator, doble punto de vista, elipsis temporales, autorreferencias y mi favorita; invitar directamente al telespectador a que levante el culo del sillón y vaya a comprarse ciertos libros si quiere comprender lo que está pasando. Haciendo un uso magistral de todos los recursos narrativos a su disposición y respetando las reglas esenciales de cada uno de los géneros mencionados se levanta el sólido andamiaje del éxito al estilo de películas como Silence of The Lambs.

Imagino la adolescencia de los creadores, el mencionado Pizzolato y Cary Fukunaga, pasando incontables horas recostados en el sofá de sus casas perdiéndose unas cuantas fiestas, absorbiendo historias en novelas manoseadas y VHS prestados, fisgoneando detrás del telón de cientos de fábulas hasta desentrañar los mecanismos emocionales de cada género.

Los personajes

True Detective es ante todo una serie de personajes. No queremos minusvalorar la trama o su importancia, pero no hay duda que son los dos personajes principales los ejes sobre los que gira la serie. Ellos son los detectives Martin Hart (Woody Harrelson) y Rustin Cohle (Matthew McConaughey). Hemos visto a lo largo de los años muchas parejas policiacas en la pequeña pantalla, y algunas de ellas han marcado en pequeña o en gran medida a los espectadores: Starsky y Hutch, Mullder y Scully, o más recientemente Linden y Holder de The Killing. Pero en True Detective, Hart y Cohle van un paso más allá gracias especialmente a sus particulares personalidades. Y por supuesto a la labor de esos dos actorazos.

Lo primero que vemos de Martin Hart es que es un tipo familiar, con esposa y dos hijas, y bastante cumplidor en el trabajo. Respetado por sus compañeros y considerado una voz importante dentro del departamento (a diferencia de su compañero Cohle). Pero tras unos minutos ya podemos apreciar que la vida de Hart es bastante menos edulcorada de lo que aparenta. A causa de una amante bastantes años más joven que él, su matrimonio, y con él su vida, va cayendo en picado tras el paso del tiempo y de los capítulos. Y su relación con Cohle no ayuda en nada en esta caída. Desde el principio vemos que ambos detectives no son amigos, no se llevan muy bien. Es cierto que hay acercamientos entre ambos lejos del trabajo, pero el carácter de Cohle hace difícil la amistad.

Hart es una persona que no sabe lo que quiere, cree que lo tiene todo, una vida perfecta, un buen trabajo… pero ni sabe apreciarlo ni sabe mantenerlo. Como bien dice su esposa pasado el tiempo, Hart ni siquiera se conoce a sí mismo.

Por el contrario Rustin Cohle sabe muy bien quién es y lo que busca. Desde el primer momento vemos que Rust es un personaje peculiar, con unos métodos muy poco ortodoxos tanto en el trabajo como en su forma de ser. Su pasado trabajando como infiltrado varios años en narcóticos le han dejado una huella muy profunda. Padece alucinaciones estando consciente (trasladadas fantásticamente al espectador con imágenes casi oníricas). Tiene una filosofía de vida completamente negativa y cínica, contrastando frontalmente con la aparente positividad de su colega Hart. Además es un foráneo de Luisiana, estado donde se desarrolla la trama, y su visión choca de forma drástica con el estilo de aquel estado (para los poco conocedores de los estados americanos, Luisiana podría entrar dentro de lo que solemos llamar “la América profunda”).

Odiado por sus compañeros, pero a la vez necesitado por ellos mismo, especialmente en los interrogatorios, donde su forma de pensar y actuar lo hace perfecto para penetrar en las mentes de los interrogados. Es un gran ejemplo de como es Rust, un tipo con el que rara vez te irías a tomar una cerveza pero que llegado el momento adecuado, te sería de mucha ayuda.

Observando fuera de la circunferencia 

True Detective es un juego de espejos. Al igual que en un examen sorpresa, cuando llega el momento de responder a los numerosos interrogantes planteados vamos echando mano de lo que conocemos, de lo que hemos leído, de lo que nos han chivado. Completamos las piezas del rompecabezas con nuestras propias referencias. True Detective será lo que  quieras que sea.

Ha habido quién ha querido ver influencias lovecraftianas en la serie, otros paralelismos con el existencialismo de El Club de la Lucha y supongo que en cada recodo de la web se están desgranando otras tantas conexiones. Por el momento la única vinculación que he apreciado con el genio de Providence ha sido a través de las imágenes decadentes y ceremoniales tan explotadas por su maestro Machen (autor de la magistral “The Great God Pan”) y como no de su admirado Robert W. Chambers cuyo “King in Yellow” sin duda vivirá una segunda juventud gracias a esta serie.

Personálmente, True Detective me hace evocar Mississippi Burning. Más allá de la coincidencia geográfica Cohle y Hart me recuerdan a esos soberbios Hackman y Defoe. Dos hombres unidos por una placa y un obstinado sentido de la justicia a los que separa prácticamente todo lo demás; educación, experiencias, edad, metodología, pero que desarrollan una relación de confianza esencial para salvar el cuello en tierra hostil. A nadie le gusta que la policía husmee en su patio trasero pero menos aún en este Sur en tantos aspectos todavía irredento.

Sus detractores dirán que no hay profundidad narrativa sino falsa complejidad, que detrás de los densos monólogos de Cohle sólo hay humo. Veremos si al final de la temporada todas las piezas encajan y las expectativas levantadas son satisfechas. Por nuestra parte Alexander Bukarov sólo quiere una respuesta a esta pregunta ¿quién, Hart o Cohle, es el True detective del título?

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