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Recomendaciones freakasadas: Relatos de terror

Publicado por: Alexander Bukarov

Dentro de unas a pocas semanas las secciones del tiempo de todos telediarios dejarán de hablar de ciclogenesis explosivas y sólo entonces sabremos con certeza que el invierno ha quedado clausurado oficialmente. Llegará la primavera, el cielo se despejará, y la calidez incipiente nos invitará a salir a la calle a cometer fechorías. Antes de que llegue ese momento queremos aprovechar el par de fines de semana grises y lluviosos que tenemos por delante para invitaros a que hagáis la segunda cosa más divertida que se puede hacer bajo una gruesa manta de lana; leer relatos de terror.

La siguiente lista ha sido testada por profesionales en condiciones extremas de penumbra y aislamiento en las montañas del norte peninsular. ¿Su veredicto? Da mucho miedito.

Palomas del Infierno (Pigeons From Hell) de Robert E. Howard.

Robert E. Howard es el paradigma de escritor intemporal. Imaginativo, original, impermeable a las críticas…vale que se voló la tapa de los sesos nada más alcanzar la treintena, y eso suele suponer un obstáculo para hacer carrera, pero Howard había dejado escritas tantas obras que se siguieron publicando inéditos suyos ¡hasta bien entrado los años ochenta! A Howie le deberemos siempre haber concebido a Conan el Cimerio y desarrollado prácticamente de la nada todo un género, el de espada y brujería, sin el cual cierto escritor no habría escrito cierta serie de novelas. Pero hizo mucho más, su fecunda imaginación y necesidad de ingresos coincidieron con el boom editorial de los Pulp Magazines cuando cada semana parecía surgir una nueva revista, lo que le permitió explorar la ghost story, los relatos picantes, de detectives, el western y, si amigos, ya llega, el terror.

Pigeons from Hell está considerada una de las mejores historias de terror en lengua inglesa. Sin duda varias de sus escenas se quedan grabadas a fuego en la memoria, agazapadas para acosarnos en lo más oscuro de la noche. Howard ubicó esta historia en su querido Sur, explotando la vertiente siniestra de estas tierras; esclavitud, orgullo de raza, soledad y viejas rencillas. En palabras de su narrador; “Para mi la brujeria se relacionó siempre con las antiguas ciudades de Nueva Inglaterra….pero esto es más terrible que cualquier leyenda de Nueva Inglaterra. Esos pinos sombrios, esas antiguas mansiones abandonadas, las plantaciones perdidas, los misteriosos negros, las viejas leyendas de locura y horror”. End of spoilers. Si sois unos vagos redomados o sentís inclinación por los garabatos, Dark Horse ha publicado una versión de la historia en cuatro tomos que es una auténtica delicia.

Los misterios del gusano (Jerusalem’s Lot) de Stephen King

Sería ingenuo por nuestra parte pensar que vais a pasar todo el fin de semana leyendo. Lo entendemos, no pasa nada. Nosotros también esperamos durante la semana ese momento en el que poder liberar la tensión acumulada y sacar el macho que llevamos dentro rompiendo a sudar. Sí, estamos hablando de hacer bricolaje. Pero, por si alguno de vosotros vive en una bonita casa de campo o en un coqueto chalet, os recomendamos que bajéis al sótano a por las herramientas antes de leer este relato. Si no seguís este orden es posible que jamás terminéis de montar ese práctico y útil especiero colgante.

Los misterios del gusano o Jerusalem’s Lot en su versión original (el gremio de traductores de títulos lo ha vuelto a hacer) comienza como tantísimas historias del género cuando un hombre se muda a una vieja mansión. Pero como la premisa está muy trillada, Stephen King recurre al género epistolar para darle un toque singular. Así que este desafortunado inquilino va narrando a cuentagotas sus experiencias cada vez más siniestras en la pretérita casona a un desconcertado destinatario. Os sorprenderá como al poco rato nos sentimos tan impacientes como si estuviéramos esperando una carta de verdad. Si tenéis una vena cabrona podéis probar a hacerlo en la vida real. Decidle a un colega que vais a visitar a vuestra tía abuela en una aldea de Huesca y empezad a mandarle mensajes de Facebook comentando lo “escalofriantes que son los chirridos de las bisagras a medianoche”, o como “me he despertado al sentir una presencia en la cama”. Ya veréis que risas. La historia está muy influenciada por los Mitos de Cthulhu y seguro que la ambientación le recordará a más de uno el excelso Alone in the Dark original.

Casa tomada de Julio Cortazar.

Me la voy a jugar al incluir este cuento en la lista. Julio Cortazar es un escritor muy respetado, un escritor de fama mundial que sólo tangencialmente cultivó el relato de terror y fantástico. Como algunos de sus compatriotas (Borges, Bioy Casares…) Cortazar escribe desde la suficiencia estilística y hace gala de un profundo conocimiento del léxico, las formas, y el arte de narrar en general. En resumen; es un escritor total. Cuando un genio de este calibre se interna en un género tan efectista como el terror pueden pasar dos cosas, éxito absoluto o fracaso estrepitoso.

Casa tomada afortunadamente transita la senda de lo primero, y aunque se nota desde el primero momento que no estamos ante un relato macabro es capaz de ponernos la piel de gallina con meros detalles. Si funciona tan bien es por que explota el miedo a lo desconocido, citando a cierto escritor que sabía del tema: la emoción más fuerte y antigua de la humanidad es el miedo, y el miedo más fuerte y antiguo, es el miedo a lo desconocido.Además para aquellos que busquéis algo más que un escalofrío este cuento puede leerse en clave política y simbólica y todo esto en unas pocas páginas. Lo bueno si breve dos veces bueno y si lo ha escrito Cortazar tres.

El reparador de reputaciones (The Repairer of reputations) de R.W. Chambers

Dada nuestra pasión por True Detective, la presencia de un relato perteneciente al ciclo del Rey de Amarillo era casi obligada. Me ha resultado difícil escoger uno en concreto, ya que todos los que componen esta pequeña saga de terror son cuentos magníficos. Si me he inclinado por El reparador ha sido por la indescriptible sensación de desasosiego que imprime este relato en la imaginación del lector. Más bien fantasía, ucronía y algo de misterio que terror puro y duro, El reparador nos sitúa en el Nueva York de unos años 20 en los que la Primera Guerra Mundial no ha tenido lugar, los judios han sido expulsados de Estados Unidos, se ha creado un estado independiente para la gente de color y el suicidio ha sido legalizado y casi favorecido por el gobierno con la creación de las Cámaras de Muerte; una especie de monumentos a la eutanasia semejante a ciertos templos de cierta serie de novelas. La lectura gana en matices al saber que este relato se publicó en 1895, sin que el estilo de Chambers haya sufrido lo más mínimo el paso del tiempo.

Gravitando alrededor de la obra ficticia El Rey de Amarillo y su parafernalia mitológica (Carcosa, Hastur, Cassilda) la mayor virtud de este relato reside en su capacidad para sumergir al lector en la mente de su protagonista y hacernos cuestionar su cordura en cada acto. Poco más que añadir sin desvelar detalles de la trama. Al igual que ciertos escritores New Age consideraban el Necronomicón un libro verdadero y a H.P Lovecraft una especie de heraldo de los dioses cósmicos (escritores que entiendo se lo pasaron en grande en los 60) me gusta especular con la idea de que Chambers llegara a escribir El Rey de Amarillo y lo escondiera en algún cajón temeroso de que pudiera verdaderamente inducir a la locura…..En cualquier caso os recomiendo este relato y estarías locos de remate si no le dierais una oportunidad.

El blues de la sangre de cerdo (Pig blood blues) de Clive Barker

Si buscáis gore y casquería Clive Barker es un valor seguro. Sus relatos suelen tener lugar en escenarios convencionales e inofensivos en los que el terror se filtra pausadamente en la rutina del día a día hasta rasgar violentamente el velo que separa realidad y pesadilla. Barker es por derecho propio un maestro del terror contemporáneo y ya lo advertimos; no está hecho para estómagos débiles. Si estáis familiarizados con la película Hellraiser, basada en una de sus más famosas novelas, ya sabéis a lo que os enfrentáis.

El blues nos mete en la piel de un policía retirado que acepta un trabajo como educador en un reformatorio de menores, allí se topará con un muro de secretos levantado en torno a la desaparición de un joven interno. El desenlace aunque previsible no es menos impactante y provoca la nausea tanto como el miedo. Si tenéis ocasión haceos con el volumen en el que se incluye esta historia (“Libros sangrientos I”) pero por vuestro bien y el de la alfombra del salón, evitad leerlo un día de resaca.

Ambiciones y reflexiones de Belen Esteban (o su negro)

La premisa de esta novela preludiada por Boris Izaguirre es sobrecogedora. España, año 2014. Belen Esteban, ex mujer de torero, princesa del pueblo y madre de Andreita, domina los medios de comunicación sin apenas oposición. Esta moderna ciudadana Kane y su camarilla de tertulianos se ha propuesto borrar de un plumazo la brillante cultura de un país que alumbró a genios de la talla de Cervantes, Velazquez o Lorca con la siniestra intención de imponer la dictadura del chándal de poliéster. En esta España distópica se libra una feroz guerra entre las diezmadas fuerzas de la resistencia lideradas por el paladín Arturo Pérez Reverte y las innumerables hordas de canis, chonis y viceversa que apoyan a la celebrity. El autor, al tiempo que va desgranando los detalles más personales de la vida y desventuras de esta sacrificada madre, entre otras su lucha contra la adicción al azúcar glas, aporta valiosos consejos para preparar croquetas que nos queden bien crujientitas.

Ejemplo de buena ciencia ficción en la línea de 1984 o Fahrenheit 451, es la clase de novela que nos hace plantear preguntas del tipo ¿Qué hubiera ocurrido si en España no se hubieran aprobado 5 leyes de educación distintas en 20 años? ¿Es posible que con 5 millones de parados no haya un estallido social? ¿Puede un futbolista de 2ªB cobrar más que un becario con tres masters? Afortunadamente podemos disfrutar de este perverso ejercicio especulativo en la tranquilidad de nuestro hogar, sin temor al desahucio, y con la seguridad de que tal descalabro jamás sucederá.

Si os ha picado el gusanillo del misterio podéis encontrar la mayoría de estas historias en la nunca suficientemente alabada editorial Valdemar, salvo la de Belen Esteban que a día de hoy va por los 100.000 ejemplares vendidos y está agotada en casi todas las librerías. Y vosotros qué pensáis ¿cuáles son vuestras sugerencias para provocar escalofríos?

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TRUE DETECTIVE: El infierno son los otros

Publicado por: Vic y Alexander Bukarov

Rust Cohle tiene un espejo del tamaño de un botón. Exceptuando un crucifijo que cuelga sobre la cama es el único detalle decorativo del apartamento. La “cama” es un colchón tirado sobre el suelo, ni rastro del somier. Un par de sillas de playa y una cafetera completan el mobiliario.

Rust Cohle se define a sí mismo como nihilista, aunque en términos prácticos admite ser un realista. La sobriedad de la habitación le emparenta en todo caso con los cínicos.

El detective Hart se acerca a la pared donde está incrustado el espejo, afina la linea que separa sus párpados como si mirara directamente un eclipse de sol. La pupila vidriosa le devuelve un guiño burlón.

-¿Se supone que con esta cosa puedes verte los dos ojos?-

(…)

Es arriesgado reseñar una serie cuya primera temporada aún no ha terminado de emitirse, pero habiendo superado ampliamente su ecuador (seís capítulos de ocho previstos) True Detective nos ha ofrecido más profundidad que la mayoría de ficciones en todo su recorrido televisivo. Por ello, y por el revuelo que está provocando  en webs especializadas y espectadores por igual (Freakasados incluidos) Alexander Bukarov y Vic se atreven a ofrecernos un análisis personalísimo de esta Obra de HBO.

Digámoslo ya para quitárnoslo de en medio;True Detective es una serie compleja. No es un producto de sobremesa y en España ni siquiera lo sería de prime time. Es una serie para un público adulto, concebida para disfrutarse en la medianoche y a ser posible en soledad. Es la serie perfecta para yonkis noctámbulos, rebosante de referencias que se van dejando caer en diálogos y escenarios de manera aparentemente inocua, pero que una vez analizadas, desmenuzadas, y puestas en relación nos revelan detalles ocultos de la trama. Y es una serie que no va hacer concesiones al espectador. Ninguna.

El punto de partida del eterno retorno

True Detective es en esencia un relato de intriga policial, el testimonio de dos detectives que investigan varios asesinatos durante un periodo de casi dos décadas. Por lo tanto si habláramos de géneros podríamos clasificarla en el policiaco o en el thriller, pero nos quedaríamos cortos. True Detective es mucho más. Está salpicada de elementos propios del terror. De un terror sutil, atmosférico, opresivo, que utiliza la sugerencia más que la exhibición. Además hay pinceladas de costumbrismo que la revisten de una autenticidad ausente en la mayoría de los procedurals que aparecen en televisión. Y es una buddy movie muy singular, fundamentada en la relación abrasiva y retorcida entre sus protagonistas. A día de hoy lo único que tengo claro es que no es una comedia. Si exceptuamos alguna frase aislada de humor corrosivo al estilo de John Carlin (ese momento; “Significa que no se me dan bien las fiestas”).

Dejando a un lado el apartado visual que merecería un artículo propio (¡ese plano secuencia del capítulo cuarto!) a nivel narrativo True Detective no es revolucionaria en las técnicas empleadas pero sí que es endiabladamente inteligente. Nic Pizzolato desempolva ciertas herramientas muy efectivas que no suelen utilizarse en la pequeña pantalla y que contribuyen a elevar la calidad varios enteros; unreliable narrator, doble punto de vista, elipsis temporales, autorreferencias y mi favorita; invitar directamente al telespectador a que levante el culo del sillón y vaya a comprarse ciertos libros si quiere comprender lo que está pasando. Haciendo un uso magistral de todos los recursos narrativos a su disposición y respetando las reglas esenciales de cada uno de los géneros mencionados se levanta el sólido andamiaje del éxito al estilo de películas como Silence of The Lambs.

Imagino la adolescencia de los creadores, el mencionado Pizzolato y Cary Fukunaga, pasando incontables horas recostados en el sofá de sus casas perdiéndose unas cuantas fiestas, absorbiendo historias en novelas manoseadas y VHS prestados, fisgoneando detrás del telón de cientos de fábulas hasta desentrañar los mecanismos emocionales de cada género.

Los personajes

True Detective es ante todo una serie de personajes. No queremos minusvalorar la trama o su importancia, pero no hay duda que son los dos personajes principales los ejes sobre los que gira la serie. Ellos son los detectives Martin Hart (Woody Harrelson) y Rustin Cohle (Matthew McConaughey). Hemos visto a lo largo de los años muchas parejas policiacas en la pequeña pantalla, y algunas de ellas han marcado en pequeña o en gran medida a los espectadores: Starsky y Hutch, Mullder y Scully, o más recientemente Linden y Holder de The Killing. Pero en True Detective, Hart y Cohle van un paso más allá gracias especialmente a sus particulares personalidades. Y por supuesto a la labor de esos dos actorazos.

Lo primero que vemos de Martin Hart es que es un tipo familiar, con esposa y dos hijas, y bastante cumplidor en el trabajo. Respetado por sus compañeros y considerado una voz importante dentro del departamento (a diferencia de su compañero Cohle). Pero tras unos minutos ya podemos apreciar que la vida de Hart es bastante menos edulcorada de lo que aparenta. A causa de una amante bastantes años más joven que él, su matrimonio, y con él su vida, va cayendo en picado tras el paso del tiempo y de los capítulos. Y su relación con Cohle no ayuda en nada en esta caída. Desde el principio vemos que ambos detectives no son amigos, no se llevan muy bien. Es cierto que hay acercamientos entre ambos lejos del trabajo, pero el carácter de Cohle hace difícil la amistad.

Hart es una persona que no sabe lo que quiere, cree que lo tiene todo, una vida perfecta, un buen trabajo… pero ni sabe apreciarlo ni sabe mantenerlo. Como bien dice su esposa pasado el tiempo, Hart ni siquiera se conoce a sí mismo.

Por el contrario Rustin Cohle sabe muy bien quién es y lo que busca. Desde el primer momento vemos que Rust es un personaje peculiar, con unos métodos muy poco ortodoxos tanto en el trabajo como en su forma de ser. Su pasado trabajando como infiltrado varios años en narcóticos le han dejado una huella muy profunda. Padece alucinaciones estando consciente (trasladadas fantásticamente al espectador con imágenes casi oníricas). Tiene una filosofía de vida completamente negativa y cínica, contrastando frontalmente con la aparente positividad de su colega Hart. Además es un foráneo de Luisiana, estado donde se desarrolla la trama, y su visión choca de forma drástica con el estilo de aquel estado (para los poco conocedores de los estados americanos, Luisiana podría entrar dentro de lo que solemos llamar “la América profunda”).

Odiado por sus compañeros, pero a la vez necesitado por ellos mismo, especialmente en los interrogatorios, donde su forma de pensar y actuar lo hace perfecto para penetrar en las mentes de los interrogados. Es un gran ejemplo de como es Rust, un tipo con el que rara vez te irías a tomar una cerveza pero que llegado el momento adecuado, te sería de mucha ayuda.

Observando fuera de la circunferencia 

True Detective es un juego de espejos. Al igual que en un examen sorpresa, cuando llega el momento de responder a los numerosos interrogantes planteados vamos echando mano de lo que conocemos, de lo que hemos leído, de lo que nos han chivado. Completamos las piezas del rompecabezas con nuestras propias referencias. True Detective será lo que  quieras que sea.

Ha habido quién ha querido ver influencias lovecraftianas en la serie, otros paralelismos con el existencialismo de El Club de la Lucha y supongo que en cada recodo de la web se están desgranando otras tantas conexiones. Por el momento la única vinculación que he apreciado con el genio de Providence ha sido a través de las imágenes decadentes y ceremoniales tan explotadas por su maestro Machen (autor de la magistral “The Great God Pan”) y como no de su admirado Robert W. Chambers cuyo “King in Yellow” sin duda vivirá una segunda juventud gracias a esta serie.

Personálmente, True Detective me hace evocar Mississippi Burning. Más allá de la coincidencia geográfica Cohle y Hart me recuerdan a esos soberbios Hackman y Defoe. Dos hombres unidos por una placa y un obstinado sentido de la justicia a los que separa prácticamente todo lo demás; educación, experiencias, edad, metodología, pero que desarrollan una relación de confianza esencial para salvar el cuello en tierra hostil. A nadie le gusta que la policía husmee en su patio trasero pero menos aún en este Sur en tantos aspectos todavía irredento.

Sus detractores dirán que no hay profundidad narrativa sino falsa complejidad, que detrás de los densos monólogos de Cohle sólo hay humo. Veremos si al final de la temporada todas las piezas encajan y las expectativas levantadas son satisfechas. Por nuestra parte Alexander Bukarov sólo quiere una respuesta a esta pregunta ¿quién, Hart o Cohle, es el True detective del título?

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Square-Enix: una fantasía

Publicado por Alexander Bukarov.

Nuestro hombre descansa sobre la barra. Se afana en remover el Martini con vigor suficiente para generar un pequeño tifón de hielos y aceituna.  Las azafatas esquivan invitados con la habilidad de un esquiador, llevando bandejas colmadas de viandas de aquí para allá. La comida está convenientemente presentada en monodósis. Algún listillo de manos anchas como pistas de aterrizaje coge dos, incluso tres y los deja descansar sobre la palma. Una joven de sonrisa edulcorada ofrece a nuestro hombre una copa de champán. La rechaza con su mejor japonés.

Algo va mal. Una bola de gas asciende desde la caverna del estómago. El sudor aflora en las sienes y empapa el cuello de la camisa. Se afloja la corbata. Malditos canapés. Maldito cóctel de gambas. Condenada convención.

Las luces del recinto reducen su intensidad y la cháchara informal se va transformando en murmullo expectante. Un ujier ajusta el micrófono varios centímetros más abajo y ruega silencio. Por fin va a comenzar.  Un hombrecillo inofensivo camina sin gracia sobre el estrado y saluda a la multitud. Resuenan aplausos, amortiguados por que algún imbécil acaba de aplastar varios canapés en el intento. La enorme pantalla situada a la espalda del hombrecillo se ilumina. El destello arranca exclamaciones que solo se consiguen al exhalar el aire de los pulmones con determinación y abrir mucho la boca en forma de o y a.

Incluso nuestro hombre está sorprendido. Los rumores eran ciertos: Square-Enix es una realidad. Las punzadas en el costado regresan acompañadas de una leve migraña. Necesita un poco de aire. Nuestro hombre trastabilla, la mirada se torna borrosa, le cuesta respirar. Derrama el Martini. Busca una servilleta en la mesa más cercana y al girarse se encuentra en un pasillo azulejado.

-¿Pero qué demonios?-

El gentío ha desaparecido. Hay un silencio absoluto. Dubitativo camina unos pasos hacia una esfera de luz acuosa que destaca contra la pared. Aparece un cuadro de texto.

-¿Quiere guardar partida?

Nuestro hombre trata de volverse pero no puede. La esfera sigue repitiendo la pregunta en un bucle. ¿Quiere guardar partida? ¿Quiere guardar partida? ¿Quiero guardar partida? Sí. Supongo. El cuadro de texto se cierra y el campo invisible se desvanece.

Continúa hacía su izquierda dejando la esfera atrás. De repente una criatura distantemente canina le sale al paso. Es un ser imponente. Las fauces aceradas levantan chispas al cerrarse. Emite un rugido aterrador que se encañona en el corredor.

Nuestro hombre se contrae temiendo lo peor pero inexplicablemente la criatura permanece quieta, resoplando vapor ardiente por los orificios del hocico. Estoy perplejo. Quiero avanzar pero la criatura no me lo permite. Parece un ser agresivo pero por algún motivo no arranca a atacar. ¿Qué hago?

Casi con aprensión nuestro hombre le lanza un bolígrafo certeramente entre los ojos anaranjados. La criatura se desvanece con un ¡plaff! Suenan fanfarrias y nuestro hombre se siente de repente más experimentado. Unas monedas se materializan en el bolsillo, llueven tónicos reparadores.

Nuestro hombre no comprende nada. Corre hacia la distante luz que se intuye al fondo del pasillo. Corre sin pausa durante varios minutos y la luz parece seguir tan lejana como al principio. Otra esfera luminosa aparece frente a él. ¿Quiere guardar partida? Bueno…nunca se es suficientemente precavido. Sí.

Continúa su camino y más criaturas le acosan. Va despachándolas   una a una con elegantes estocadas de tinta. Otra esfera. ¿Quiere guardar partida? Sí. Demonios.

Criaturas y criaturas. Los bolsillos del pantalón parecen mofletes de ardilla, a punto de reventar por el peso del dinero. Tiene que correr sujetándose los pantalones. Cae otro tónico del cielo. Maldita sea. Me encuentro perfectamente. No quiero beber más.

Por fin llega al final del pasillo. Un muro humeante le impide ver más allá. Temeroso da un paso y cruza el umbral. ¿Quiere guardar partida?

La oscuridad invade la sala. A nuestro hombre le cuesta unos instantes acostumbrarse a la penumbra pero  aun padeciendo ceguera temporal reconoce el lugar. Huele deliciosamente a palomitas. Una voz cavernosa emerge de los altavoces.

-Simba. Algún día, todo esto será tuyo.-

-¿Todo?-

-Sí. Todo –

-¿También eso de allí?

Simba señala una mancha gris en la sabana.

-Si Simba-  Es un lugar oscuro. El cementerio del fandom. Pero algún día, comprarás Marvel y te aliarás con Square- Enix y entonces Simba, también será tuyo y se llamará el Reino de los Corazones.

¡Noooooo! Nuestro hombre se revuelve en la butaca. Se agita espasmódicamente en medio de tremendas convulsiones. Borbotones de espuma  salpican desde las comisuras. ¡Qué alguien llame a un médico!

Nuestro  hombre reconoce el anodino estampado de la moqueta. Está de nuevo en el hotel. El salón de actos parece la calle principal de un pueblecito del far west. Sólo queda por allí un empleado de la limpieza bailando solitariamente con su escoba.

Quizás aquel tipo sepa que ha pasado.

-¿Disculpe? Yo…vengo, quiero decir, estaba buscando la convención de Squaresoft.

-¿Square-Enix?

Demonios. Era cierto.

-Si bueno lo que sea.

-Lo siento amigo. Ya terminó.

Nuestro hombre se lamenta. Al final voy a regresar a casa sin ninguna primicia. Ya puedo ir despidiéndome del trabajo. Tendré que desempolvar la cámara. En realidad los bautizos no se pagan tan mal.  Esquiva unas cuantas sillas y se dirige hacia la salida. Necesita una buena ducha. Está a punto de salir cuando se gira hacia el empleado del  hotel.

-Oiga. No habrá escuchado por casualidad alguna noticia sobre los próximos lanzamientos de Square…

-…Enix-

-Sí.

-Claro. ¡Por fin han hecho caso a los fans! – Se le ilumina el rostro con auténtica emoción.-

-No me diga que están preparando ¡Un  remake de FFVII!

-No, estúpido. Han anunciado Final Fantasy X-2.

Bueno. No estaba tan mal. Al fin y al cabo la primera entrega había sido una maravilla.

 -¿A que siempre ha deseado un sistema de combate basado en los vestidos de las protagonistas?-

-¿Cómo dice?-

El empleado se giró canturreando una estridente melodía J-Pop. Nuestro hombre decidió que no necesitaba aquella ducha tanto como pensaba. Volvió a la barra. Saltó derribando unas cuantas copas y alcanzó una botella de whiskey obscenamente caro de la estantería.

Hyperion (con un 75% menos de spoilers que otras reseñas de la red)

Publicado por Alexander Bukarov.

Basta sumergirse unas pocas páginas en Hyperion (Dan Simmons, Doubleday, 1989) para comprender que el universo concebido por el autor no va a ser compasivo ni con sus propios personajes ni con el lector. La sombra del  titán cromado conocido como Alcaudón acecha a cada vuelta de página sembrando muerte. Tambores de guerra resuenan en todas las colonias anunciando un conflicto galáctico con los temidos Exter, hermanos perdidos de la humanidad, al  tiempo que  las IA tejen sus planes insondables en el vacío.

Cada frase de esta novela sugiere enigmas que rogamos encuentren respuesta y no nos dejen con un agrio regusto a macguffin en la boca. ¿Qué es el Alcaudón? ¿Y el cruciforme?, ¿Las mareas antientrópicas? ¿Las tumbas del tiempo? ¿Por qué se exiliaron los Exter al “afuera” hace ya miles de años? ¿Qué secretos oculta el Tecno-Núcleo? ¿Hay alguna esperanza en las estrellas?

La historia narrada en esta novela  es la historia de una peregrinación.  De siete viajeros espaciales (Sacerdote, Militar, Poeta, Filósofo, Templario, Detective y Cónsul) con personalidades y motivaciones dispares, si no directamente opuestas, reunidos por la misteriosa Iglesia del Alcaudón para dirigirse a Hyperion, planeta en el que reside la clave para salvar la  galaxia de la destrucción.

Simmons acierta de lleno al  trasladar el planteamiento de los Cuentos de Canterbury de Chaucer a los escenarios de una Space Opera con elementos cyberpunk.  De modo que el desarrollo de la trama principal se ve complementado con  la narración que hace cada personaje sobre su pasado y los motivos que les empujaron a realizar este viaje apocalíptico. Estos relatos constituyen el alma de la novela, y cada uno se nos revela como una pequeña pieza de un puzle brillantemente concebido.

Al dividir la novela de esta manera Simmons consigue generar al lector una sensación de cercanía, de proximidad al personaje. Conocemos sus secretos, sus anhelos, esperanzas o desesperanzas según el caso, relaciones familiares, conexión con el Alcaudón e Hyperion, etc. Al mismo tiempo y con toda la intención nos  aporta información fragmentaria  sobre el vasto entramado que se ha ido tejiendo a nivel interestelar y que por separado cada protagonista ignora. Habrá momentos en los que al contrastar diferentes puntos de vista,  nos preguntemos si la narración que cada uno de ellos acaba de compartir no será más bien una farsa, manteniendo al lector en tensión. Haciendo muestra una vez más de maestría en su campo Simmons emplea pequeños trucos para romper la dinámica “me presento y les hablo de mi pasado”, utilizando diarios, grabaciones, poemas, y carismáticos secundarios.

Simmons se podía haber contentado con revelar la trama desde distintos personajes pero va más allá.  Parte del axioma un nuevo personaje, un nuevo género. Así nos encontramos con narraciones filosófico-metafísicas, de acción, ciencia ficción de línea dura, poesía, etc. Y la temática varía de historias opresivas rayando el terror, para pasar al relato épico o la evocación decadente. Los personajes ganan en verosimilitud al expresar su percepción de los hechos mediante el género más acorde con su personalidad y circunstancia.

Sin desvelar mucho más de la historia, pues ya me acerco a ese 25% que me había propuesto, debo mencionar la sutileza con que se trata la figura del Alcaudón. Su amenaza empapa todo el relato. Apenas una descripción superficial aportando detalles de su fisionomía metálica basta para auparlo a la categoría de villano. No nos hace falta conocer sus planes, si es que los tiene. Nos basta con saber que  ¿vive? empujado por la pulsión de matar. Que frente a su naturaleza animalística no hay lugar para el razonamiento. Y vamos anticipando en nuestra imaginación el momento en que los peregrinos tengan que hacerle frente.

Como punto negativo debo mencionar que el desenlace del libro se antoja algo acelerado, más aún cuando ha llevado cientos de páginas reseñar un viaje de pocos días. En particular, y dejando claro que no llega a  resultar decepcionante, la narración del Cónsul, personaje capital, se ventila atropelladamente. ¿Quizás se trataba de vincular una vez más el estado emocional del personaje al estilo narrativo?

Igualmente en las últimas líneas nos topamos con un guiño al Mago de Oz sumamente artificial y forzado. De repente los protagonistas actúan de forma completamente opuesta a  lo que el lector podría esperar con la información que se nos ha proporcionado.  ¿Alguien se imagina a Brawn Lamia tendiendo la mano hacia el poeta? No descarto que Simmons  pretendiera subrayar la evolución de los personajes con el transcurso del viaje pero intuyo otro motivo más prosaico. Teniendo en cuenta la existencia de una saga de cuatro libros me inclino por pensar en una injerencia editorial obligando a concebir un punto de inflexión en una novela que se acercaba a su clímax. La lectura de La Caida de Hyperion, segundo volumen de esta fábula seguramente arroja luz a esta cuestión.

Probablemente esta pequeña reseña  no haya hecho justicia a la opinión que tengo sobre este libro. Es una joya. Una experiencia ineludible para todo fan de lo que siempre ha sido la buena ciencia ficción, mezcla de acción y dilemas que aviven la llama de nuestra imaginación a partes iguales.  Si a pesar de todo lo dicho no te atrae la lectura de Hyperion te recomiendo que les des una oportunidad a las narraciones del Sacerdote y el Filósofo, incluso separadas del cuerpo principal son el paradigma de ese arte que a buen seguro perdurará  por siempre en la tierra o en alguna futura colonia espacial: el arte de contar historias.

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(El Alcaudón. Una especie de Raphael galvanizado con muy mala leche. Na-na-na-na estas muerto)

Fuente imagen: culturespub.files.wordpress.com

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Superman: Red Son

¿Y si Superman fuera comunista? ¿Y si el hijo predilecto de América, el primer superhéroe, aquel que llevaría el ideal “democrático” americano a la estratosfera fuera el líder de los bolcheviques?

Algo parecido debió de preguntarse el irreverente Mark Millar (Kick Ass, Nemesis, Ultimates, Ultimate X-Men, Ultimate Fantastic Four, 1985, Wolverine Old Man Logan etc) cuando aunó fuerzas con Dave Jhonson y decidieron crear un cómic en el que el universo DC daba una “ligera” vuelta de tuerca. Esta era, como quizás podéis imaginar, situar el nacimiento de Superman, el aterrizaje de la nave de Kryptom, en un pequeño pueblo de la Rusia de la URSS. El conflicto estaba servido.

Con tan simple elección de lugar y tiempo, en plena guerra fría, que Superman se revelara haría que la carrera armamentística fuera automáticamente y sin lugar a oposición ganada por Rusia. Ello sumiría a EEUU en una gran depresión, puesto que la posterior muerte de Stalin y el acceso de Superman al liderazgo de la URSS crearía una URSS mundial (de afiliación más o menos voluntaria) con un EEUU que sin amigos que soporten su capitalismo se hunde más y más cada día.

Lo cojonudo de todo esto es que, aunque quizás no todo el mundo esté de acuerdo, el comunismo es un sistema que se sostiene en base a la utopía de que el hombre es bueno. Funcionaría si sus líderes fuesen incorruptibles y esencialmente buenas personas. Si pones a Superman al frente de todo ello, al que otrora fuera el gran Boy Scout de Metrópolis, el comunismo es conducido por alguien que no permite la corrupción, la tortura o la riqueza de sus líderes entre sus filas.

Pero Millar no es comunista. Ni tampoco capitalista. No hizo un cómic reivindicativo. Para nada. Y es que, en la URSS de Superman también hay personal corrupto que trata de escapar del siempre vigilante ojo de Superman, matando y torturando al pueblo. Uno de ellos, un comisario, sería quien matara a los padres del Batman de este nuevo universo. Creando un superhéroe que básicamente es la anarquía personificada. Que vive y lucha para evitar la predeterminación del destino que ha creado Superman, que es bueno, pero no permite la libertad de su pueblo porque considera que se perdería a sí mismo.

Otros héroes también cambian radicalmente como Wonder Woman o Green Lantern, pero si tengo que señalar a alguien como el gran triunfo de esta obra ese es sin duda, Lex Luthor. En este cómic, Luthor es el magnate americano que todos conocemos pero que es contratado durante años por la CIA para desarrollar un arma que derrote a Superman y que haga que America vuelva a estar a la cabeza de la carrera armamentística. Esas armas no son sino villanos clásicos del Hombre de Acero (Bizarro, Mentallo, Doomsday…).

En fin, Superman: Red Son (Hijo Rojo en España y que ahora está reeditado por ECC ediciones a 15,50 €) es una obra del cómic que no debe ser desperdiciada, pues tanto si te gusta Superman como si no (quien esto escribe lo odia y considera que estamos ante el héroe que menos ha evolucionado en 70 años) es una obra maestra que sin olvidar los rasgos principales del cómic actual de superhéroes (acción, conspiración mundial, nihilismo) hace un bello ejercicio de hipótesis histórica de nuestro mundo y del Universo DC que es el deleite de todo lector.

Se despido Darth_Tintus, que se marcha a intimar con el lado oscuro con un buen vino San Berbabeño.

Excelsior!!!

Superman Red Son

Superman Red Son (Photo credit: Alexander-R)

 

 

 

 

 

Crónica del XXXI Salón del Cómic de Barcelona, o de como el fin del mundo no pudo con los freaks

Se presenta Darth_Tintus al deber!! El Lord Sith más friki, dicharachero y amante del poteo a este lado de Coruscant!!

 

Inicio mi andanza en Freakasados para contaros mi primera (y seguro que no última) experiencia en el Salón del Cómic de Barcelona, al cual como corresponsal de Freakasados (y no por voluntad propia, creedme) tuve el honor de ir.

Por dónde empezar… está situado en una zona muy céntrica de Barcelona a la que andando o en Metro se llega muy fácil en un reciento jodidamente enorme. El tiempo desde luego que acompañó, pero yo no soy Montes de Oca y no voy a hablaros de meteorología.

 

La entrada se me hizo algo carilla, 7 €, supongo  que por la crisis no se ha recuperado aquella tradición de si te cosplayeas, no pagas, y es una pena, porque me había puesto mis mejores galas de Lobezno de los X -Men para la ocasión.

Quien esto escribe ha estado en el Salón del Comic de Getxo, en el Expocómic de Madrid e incluso en las Jornadas del Cómic de Logroño (tenía que decirlo, y eh, fueron recojoneras teniendo en cuenta que las montaron cinco colegas míos y trajeron hasta autores) y sólo puedo decir que ahora comprendo porque el Salón del Cómic de Barcelona es considerado como el mejor de España y un referente en Europa. Como ya se nos promocionase la peli de South Park la razón para que ello pase es sencilla: Más Grande, Más Largo y Sin Cortes (no vi Emos, afortunadamente).

Dejando de lado a los profetas sectarios que nos asaltaron mientras hacíamos cola para entrar (true story, esta gente es la leche) y alabando a la organización proque con una cola que daba tres vueltas sobre sí misma no esperé más de diez minutos, lo cierto es que fue la leche.

 

Más puestos de editoriales, merchandising y demás frikadas varias de los que he visto en mi vida. Por supuesto que hay cómics, pero no sólo mainstream de superhéroes, sino que tienes de todo, Europeo, indie… bien hecho y bien organizado.

Como coincidía que era el 50 aniversario de los X – Men (a los que me niego a llamar Patrulla X) un montón de bocetos, dibujos y diversas viñetas estaban en la entrada, en una exposición que era la delicia de todo buen amante de las mallas (y no hablo de Linda Evangelista).

Las editoriales nos brindaron conferencias en las que desvelaban sus novedades (principalmente ECC, Panini y Planeta que son las que respectivamente llevan DC, Marvel y Star Wars) y también nos trajeron a autores de la talla de Adam Hughes quien nos habló sobre su trabajo como dibujante de la Liga de la Justicia y… del pene del Dr. Manhattan, pues actualmente está al cargo de la serie limitada de éste dentro de Before Watchmen.

Sorprendente el despliegue de medios con dos cafeterías, baños muy bien situados, personal atento y un ambiente de cosplay tan genial que sólo dabas el cante si no ibas disfrazado.

Quien dice que da igual ir al salón del cómic que al del manga porque hay de todo en ambos… simplemente se equivoca. Si eres amante del manga, éste no era tu sitio, espera a Noviembre. Ello no me parece mal por cuanto no hay que olvidar que aunque el mundo freak es muy amplio, si es un salón centrado principalmente en el cómic mainstream americano no vas dedicarlo al manga… que para eso tienes otro salón en unos meses.

Que más decir salvo que estoy deseando volver, que el cosplay es una excusa más para que chicas freaks recataditas enseñen pechotes vestidas de Gata Negra y sacasen el adamantium de mis pantalones… digo… eso, que estuvo genial.

Si tengo otro rato (hago al entrada a todo correr) subiré alguna foto, pero en fin, es un honor escribir por primera vez para este blog de geeks recalcitantes de los que soy uno más y enriquecer el cosmos friki con un primer reportaje de corresponsal.