Square-Enix: una fantasía

Publicado por Alexander Bukarov.

Nuestro hombre descansa sobre la barra. Se afana en remover el Martini con vigor suficiente para generar un pequeño tifón de hielos y aceituna.  Las azafatas esquivan invitados con la habilidad de un esquiador, llevando bandejas colmadas de viandas de aquí para allá. La comida está convenientemente presentada en monodósis. Algún listillo de manos anchas como pistas de aterrizaje coge dos, incluso tres y los deja descansar sobre la palma. Una joven de sonrisa edulcorada ofrece a nuestro hombre una copa de champán. La rechaza con su mejor japonés.

Algo va mal. Una bola de gas asciende desde la caverna del estómago. El sudor aflora en las sienes y empapa el cuello de la camisa. Se afloja la corbata. Malditos canapés. Maldito cóctel de gambas. Condenada convención.

Las luces del recinto reducen su intensidad y la cháchara informal se va transformando en murmullo expectante. Un ujier ajusta el micrófono varios centímetros más abajo y ruega silencio. Por fin va a comenzar.  Un hombrecillo inofensivo camina sin gracia sobre el estrado y saluda a la multitud. Resuenan aplausos, amortiguados por que algún imbécil acaba de aplastar varios canapés en el intento. La enorme pantalla situada a la espalda del hombrecillo se ilumina. El destello arranca exclamaciones que solo se consiguen al exhalar el aire de los pulmones con determinación y abrir mucho la boca en forma de o y a.

Incluso nuestro hombre está sorprendido. Los rumores eran ciertos: Square-Enix es una realidad. Las punzadas en el costado regresan acompañadas de una leve migraña. Necesita un poco de aire. Nuestro hombre trastabilla, la mirada se torna borrosa, le cuesta respirar. Derrama el Martini. Busca una servilleta en la mesa más cercana y al girarse se encuentra en un pasillo azulejado.

-¿Pero qué demonios?-

El gentío ha desaparecido. Hay un silencio absoluto. Dubitativo camina unos pasos hacia una esfera de luz acuosa que destaca contra la pared. Aparece un cuadro de texto.

-¿Quiere guardar partida?

Nuestro hombre trata de volverse pero no puede. La esfera sigue repitiendo la pregunta en un bucle. ¿Quiere guardar partida? ¿Quiere guardar partida? ¿Quiero guardar partida? Sí. Supongo. El cuadro de texto se cierra y el campo invisible se desvanece.

Continúa hacía su izquierda dejando la esfera atrás. De repente una criatura distantemente canina le sale al paso. Es un ser imponente. Las fauces aceradas levantan chispas al cerrarse. Emite un rugido aterrador que se encañona en el corredor.

Nuestro hombre se contrae temiendo lo peor pero inexplicablemente la criatura permanece quieta, resoplando vapor ardiente por los orificios del hocico. Estoy perplejo. Quiero avanzar pero la criatura no me lo permite. Parece un ser agresivo pero por algún motivo no arranca a atacar. ¿Qué hago?

Casi con aprensión nuestro hombre le lanza un bolígrafo certeramente entre los ojos anaranjados. La criatura se desvanece con un ¡plaff! Suenan fanfarrias y nuestro hombre se siente de repente más experimentado. Unas monedas se materializan en el bolsillo, llueven tónicos reparadores.

Nuestro hombre no comprende nada. Corre hacia la distante luz que se intuye al fondo del pasillo. Corre sin pausa durante varios minutos y la luz parece seguir tan lejana como al principio. Otra esfera luminosa aparece frente a él. ¿Quiere guardar partida? Bueno…nunca se es suficientemente precavido. Sí.

Continúa su camino y más criaturas le acosan. Va despachándolas   una a una con elegantes estocadas de tinta. Otra esfera. ¿Quiere guardar partida? Sí. Demonios.

Criaturas y criaturas. Los bolsillos del pantalón parecen mofletes de ardilla, a punto de reventar por el peso del dinero. Tiene que correr sujetándose los pantalones. Cae otro tónico del cielo. Maldita sea. Me encuentro perfectamente. No quiero beber más.

Por fin llega al final del pasillo. Un muro humeante le impide ver más allá. Temeroso da un paso y cruza el umbral. ¿Quiere guardar partida?

La oscuridad invade la sala. A nuestro hombre le cuesta unos instantes acostumbrarse a la penumbra pero  aun padeciendo ceguera temporal reconoce el lugar. Huele deliciosamente a palomitas. Una voz cavernosa emerge de los altavoces.

-Simba. Algún día, todo esto será tuyo.-

-¿Todo?-

-Sí. Todo –

-¿También eso de allí?

Simba señala una mancha gris en la sabana.

-Si Simba-  Es un lugar oscuro. El cementerio del fandom. Pero algún día, comprarás Marvel y te aliarás con Square- Enix y entonces Simba, también será tuyo y se llamará el Reino de los Corazones.

¡Noooooo! Nuestro hombre se revuelve en la butaca. Se agita espasmódicamente en medio de tremendas convulsiones. Borbotones de espuma  salpican desde las comisuras. ¡Qué alguien llame a un médico!

Nuestro  hombre reconoce el anodino estampado de la moqueta. Está de nuevo en el hotel. El salón de actos parece la calle principal de un pueblecito del far west. Sólo queda por allí un empleado de la limpieza bailando solitariamente con su escoba.

Quizás aquel tipo sepa que ha pasado.

-¿Disculpe? Yo…vengo, quiero decir, estaba buscando la convención de Squaresoft.

-¿Square-Enix?

Demonios. Era cierto.

-Si bueno lo que sea.

-Lo siento amigo. Ya terminó.

Nuestro hombre se lamenta. Al final voy a regresar a casa sin ninguna primicia. Ya puedo ir despidiéndome del trabajo. Tendré que desempolvar la cámara. En realidad los bautizos no se pagan tan mal.  Esquiva unas cuantas sillas y se dirige hacia la salida. Necesita una buena ducha. Está a punto de salir cuando se gira hacia el empleado del  hotel.

-Oiga. No habrá escuchado por casualidad alguna noticia sobre los próximos lanzamientos de Square…

-…Enix-

-Sí.

-Claro. ¡Por fin han hecho caso a los fans! – Se le ilumina el rostro con auténtica emoción.-

-No me diga que están preparando ¡Un  remake de FFVII!

-No, estúpido. Han anunciado Final Fantasy X-2.

Bueno. No estaba tan mal. Al fin y al cabo la primera entrega había sido una maravilla.

 -¿A que siempre ha deseado un sistema de combate basado en los vestidos de las protagonistas?-

-¿Cómo dice?-

El empleado se giró canturreando una estridente melodía J-Pop. Nuestro hombre decidió que no necesitaba aquella ducha tanto como pensaba. Volvió a la barra. Saltó derribando unas cuantas copas y alcanzó una botella de whiskey obscenamente caro de la estantería.

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