Archivos Mensuales: febrero 2014

TRUE DETECTIVE: El infierno son los otros

Publicado por: Vic y Alexander Bukarov

Rust Cohle tiene un espejo del tamaño de un botón. Exceptuando un crucifijo que cuelga sobre la cama es el único detalle decorativo del apartamento. La “cama” es un colchón tirado sobre el suelo, ni rastro del somier. Un par de sillas de playa y una cafetera completan el mobiliario.

Rust Cohle se define a sí mismo como nihilista, aunque en términos prácticos admite ser un realista. La sobriedad de la habitación le emparenta en todo caso con los cínicos.

El detective Hart se acerca a la pared donde está incrustado el espejo, afina la linea que separa sus párpados como si mirara directamente un eclipse de sol. La pupila vidriosa le devuelve un guiño burlón.

-¿Se supone que con esta cosa puedes verte los dos ojos?-

(…)

Es arriesgado reseñar una serie cuya primera temporada aún no ha terminado de emitirse, pero habiendo superado ampliamente su ecuador (seís capítulos de ocho previstos) True Detective nos ha ofrecido más profundidad que la mayoría de ficciones en todo su recorrido televisivo. Por ello, y por el revuelo que está provocando  en webs especializadas y espectadores por igual (Freakasados incluidos) Alexander Bukarov y Vic se atreven a ofrecernos un análisis personalísimo de esta Obra de HBO.

Digámoslo ya para quitárnoslo de en medio;True Detective es una serie compleja. No es un producto de sobremesa y en España ni siquiera lo sería de prime time. Es una serie para un público adulto, concebida para disfrutarse en la medianoche y a ser posible en soledad. Es la serie perfecta para yonkis noctámbulos, rebosante de referencias que se van dejando caer en diálogos y escenarios de manera aparentemente inocua, pero que una vez analizadas, desmenuzadas, y puestas en relación nos revelan detalles ocultos de la trama. Y es una serie que no va hacer concesiones al espectador. Ninguna.

El punto de partida del eterno retorno

True Detective es en esencia un relato de intriga policial, el testimonio de dos detectives que investigan varios asesinatos durante un periodo de casi dos décadas. Por lo tanto si habláramos de géneros podríamos clasificarla en el policiaco o en el thriller, pero nos quedaríamos cortos. True Detective es mucho más. Está salpicada de elementos propios del terror. De un terror sutil, atmosférico, opresivo, que utiliza la sugerencia más que la exhibición. Además hay pinceladas de costumbrismo que la revisten de una autenticidad ausente en la mayoría de los procedurals que aparecen en televisión. Y es una buddy movie muy singular, fundamentada en la relación abrasiva y retorcida entre sus protagonistas. A día de hoy lo único que tengo claro es que no es una comedia. Si exceptuamos alguna frase aislada de humor corrosivo al estilo de John Carlin (ese momento; “Significa que no se me dan bien las fiestas”).

Dejando a un lado el apartado visual que merecería un artículo propio (¡ese plano secuencia del capítulo cuarto!) a nivel narrativo True Detective no es revolucionaria en las técnicas empleadas pero sí que es endiabladamente inteligente. Nic Pizzolato desempolva ciertas herramientas muy efectivas que no suelen utilizarse en la pequeña pantalla y que contribuyen a elevar la calidad varios enteros; unreliable narrator, doble punto de vista, elipsis temporales, autorreferencias y mi favorita; invitar directamente al telespectador a que levante el culo del sillón y vaya a comprarse ciertos libros si quiere comprender lo que está pasando. Haciendo un uso magistral de todos los recursos narrativos a su disposición y respetando las reglas esenciales de cada uno de los géneros mencionados se levanta el sólido andamiaje del éxito al estilo de películas como Silence of The Lambs.

Imagino la adolescencia de los creadores, el mencionado Pizzolato y Cary Fukunaga, pasando incontables horas recostados en el sofá de sus casas perdiéndose unas cuantas fiestas, absorbiendo historias en novelas manoseadas y VHS prestados, fisgoneando detrás del telón de cientos de fábulas hasta desentrañar los mecanismos emocionales de cada género.

Los personajes

True Detective es ante todo una serie de personajes. No queremos minusvalorar la trama o su importancia, pero no hay duda que son los dos personajes principales los ejes sobre los que gira la serie. Ellos son los detectives Martin Hart (Woody Harrelson) y Rustin Cohle (Matthew McConaughey). Hemos visto a lo largo de los años muchas parejas policiacas en la pequeña pantalla, y algunas de ellas han marcado en pequeña o en gran medida a los espectadores: Starsky y Hutch, Mullder y Scully, o más recientemente Linden y Holder de The Killing. Pero en True Detective, Hart y Cohle van un paso más allá gracias especialmente a sus particulares personalidades. Y por supuesto a la labor de esos dos actorazos.

Lo primero que vemos de Martin Hart es que es un tipo familiar, con esposa y dos hijas, y bastante cumplidor en el trabajo. Respetado por sus compañeros y considerado una voz importante dentro del departamento (a diferencia de su compañero Cohle). Pero tras unos minutos ya podemos apreciar que la vida de Hart es bastante menos edulcorada de lo que aparenta. A causa de una amante bastantes años más joven que él, su matrimonio, y con él su vida, va cayendo en picado tras el paso del tiempo y de los capítulos. Y su relación con Cohle no ayuda en nada en esta caída. Desde el principio vemos que ambos detectives no son amigos, no se llevan muy bien. Es cierto que hay acercamientos entre ambos lejos del trabajo, pero el carácter de Cohle hace difícil la amistad.

Hart es una persona que no sabe lo que quiere, cree que lo tiene todo, una vida perfecta, un buen trabajo… pero ni sabe apreciarlo ni sabe mantenerlo. Como bien dice su esposa pasado el tiempo, Hart ni siquiera se conoce a sí mismo.

Por el contrario Rustin Cohle sabe muy bien quién es y lo que busca. Desde el primer momento vemos que Rust es un personaje peculiar, con unos métodos muy poco ortodoxos tanto en el trabajo como en su forma de ser. Su pasado trabajando como infiltrado varios años en narcóticos le han dejado una huella muy profunda. Padece alucinaciones estando consciente (trasladadas fantásticamente al espectador con imágenes casi oníricas). Tiene una filosofía de vida completamente negativa y cínica, contrastando frontalmente con la aparente positividad de su colega Hart. Además es un foráneo de Luisiana, estado donde se desarrolla la trama, y su visión choca de forma drástica con el estilo de aquel estado (para los poco conocedores de los estados americanos, Luisiana podría entrar dentro de lo que solemos llamar “la América profunda”).

Odiado por sus compañeros, pero a la vez necesitado por ellos mismo, especialmente en los interrogatorios, donde su forma de pensar y actuar lo hace perfecto para penetrar en las mentes de los interrogados. Es un gran ejemplo de como es Rust, un tipo con el que rara vez te irías a tomar una cerveza pero que llegado el momento adecuado, te sería de mucha ayuda.

Observando fuera de la circunferencia 

True Detective es un juego de espejos. Al igual que en un examen sorpresa, cuando llega el momento de responder a los numerosos interrogantes planteados vamos echando mano de lo que conocemos, de lo que hemos leído, de lo que nos han chivado. Completamos las piezas del rompecabezas con nuestras propias referencias. True Detective será lo que  quieras que sea.

Ha habido quién ha querido ver influencias lovecraftianas en la serie, otros paralelismos con el existencialismo de El Club de la Lucha y supongo que en cada recodo de la web se están desgranando otras tantas conexiones. Por el momento la única vinculación que he apreciado con el genio de Providence ha sido a través de las imágenes decadentes y ceremoniales tan explotadas por su maestro Machen (autor de la magistral “The Great God Pan”) y como no de su admirado Robert W. Chambers cuyo “King in Yellow” sin duda vivirá una segunda juventud gracias a esta serie.

Personálmente, True Detective me hace evocar Mississippi Burning. Más allá de la coincidencia geográfica Cohle y Hart me recuerdan a esos soberbios Hackman y Defoe. Dos hombres unidos por una placa y un obstinado sentido de la justicia a los que separa prácticamente todo lo demás; educación, experiencias, edad, metodología, pero que desarrollan una relación de confianza esencial para salvar el cuello en tierra hostil. A nadie le gusta que la policía husmee en su patio trasero pero menos aún en este Sur en tantos aspectos todavía irredento.

Sus detractores dirán que no hay profundidad narrativa sino falsa complejidad, que detrás de los densos monólogos de Cohle sólo hay humo. Veremos si al final de la temporada todas las piezas encajan y las expectativas levantadas son satisfechas. Por nuestra parte Alexander Bukarov sólo quiere una respuesta a esta pregunta ¿quién, Hart o Cohle, es el True detective del título?

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Silvio Berlusconi, il più grande

Publicado por Vic.

Retornamos con una de nuestras secciones favoritas y parece que no nos salimos del ámbito político, ya que tras hablar del gran Kim Jong-Un, ahora vamos a hablar de otro personaje que realmente es mucho más que un simple político: Il Cavaliere, Don Silvio Berlusconi.

Podríamos dedicar este articulo a hablar de sus grandes logros (ejem…) como Presidente del Consejo de Ministros de Italia , como fundador de Mediaset (Mama Chicho me toca…) o como presidente del Milan (una panda de viejunos). Pero no, esta vez solo nos centraremos en dos aspectos claves para descifrar su complicada personalidad; por un lado todas aquellas frases y perlas que ha ido soltando a lo largo de su vida publica y que le retratan mejor que cualquier biógrafo; y por otro lado las mujeres que le han acompañado en mayor o menor medida, porque si algo es sinónimo Berlusconi es de mujeres.

Que señor…

Demos un pequeña muestra de las distintas frases que la boca del Cavaliere ha ido soltando:

– “Soy el Jesucristo de la política”. Amen.

– “Solo Napoleón hizo más de lo que he hecho yo”. “Pero definitivamente yo soy más alto”.

– “Mussolini no mató a nadie, mandaba a los opositores de vacaciones al exilio”. Ya claro, igual que Hitler enviaba a los judíos a un resort con todo incluido.

– “La oposición dice que me vaya a mi casa: ¿A cual? Tengo veinte”. Y seguramente con buena compañía las veinte.

– “Apuesto, joven y también bronceado”. Berlusconi elogiando a Obama.

– “El otro día me hice un análisis y he dado lo normal para un hombre de mi edad: 90% de viagra en la sangre”.

Y la mejor:

– “Un sondeo dice que el 33% de las jóvenes italianas si se acostarían conmigo. El resto de las chicas contesta: ¿Otra vez?”. The best.

Y vayamos ahora con lo que importa, las mujeres de Don Silvio. Como una imagen vale más que mil palabras, y no me apetece escribir mil palabras (chiste malo donde los haya), aquí viene una pequeña selección de las mujeres que rodean a este señor:

Francesca Pascale, su actual novia.

Karima Keyek, acudió a los fiestones de Silvio siendo menos de edad

Aurora Cossio, antigua novia/amante/loquesea

Noemí Letizia, lo mismo que la anterior

Nicole Minetti, acusada de ser la “madame” de Berlusconi

Salud!

Square-Enix: una fantasía

Publicado por Alexander Bukarov.

Nuestro hombre descansa sobre la barra. Se afana en remover el Martini con vigor suficiente para generar un pequeño tifón de hielos y aceituna.  Las azafatas esquivan invitados con la habilidad de un esquiador, llevando bandejas colmadas de viandas de aquí para allá. La comida está convenientemente presentada en monodósis. Algún listillo de manos anchas como pistas de aterrizaje coge dos, incluso tres y los deja descansar sobre la palma. Una joven de sonrisa edulcorada ofrece a nuestro hombre una copa de champán. La rechaza con su mejor japonés.

Algo va mal. Una bola de gas asciende desde la caverna del estómago. El sudor aflora en las sienes y empapa el cuello de la camisa. Se afloja la corbata. Malditos canapés. Maldito cóctel de gambas. Condenada convención.

Las luces del recinto reducen su intensidad y la cháchara informal se va transformando en murmullo expectante. Un ujier ajusta el micrófono varios centímetros más abajo y ruega silencio. Por fin va a comenzar.  Un hombrecillo inofensivo camina sin gracia sobre el estrado y saluda a la multitud. Resuenan aplausos, amortiguados por que algún imbécil acaba de aplastar varios canapés en el intento. La enorme pantalla situada a la espalda del hombrecillo se ilumina. El destello arranca exclamaciones que solo se consiguen al exhalar el aire de los pulmones con determinación y abrir mucho la boca en forma de o y a.

Incluso nuestro hombre está sorprendido. Los rumores eran ciertos: Square-Enix es una realidad. Las punzadas en el costado regresan acompañadas de una leve migraña. Necesita un poco de aire. Nuestro hombre trastabilla, la mirada se torna borrosa, le cuesta respirar. Derrama el Martini. Busca una servilleta en la mesa más cercana y al girarse se encuentra en un pasillo azulejado.

-¿Pero qué demonios?-

El gentío ha desaparecido. Hay un silencio absoluto. Dubitativo camina unos pasos hacia una esfera de luz acuosa que destaca contra la pared. Aparece un cuadro de texto.

-¿Quiere guardar partida?

Nuestro hombre trata de volverse pero no puede. La esfera sigue repitiendo la pregunta en un bucle. ¿Quiere guardar partida? ¿Quiere guardar partida? ¿Quiero guardar partida? Sí. Supongo. El cuadro de texto se cierra y el campo invisible se desvanece.

Continúa hacía su izquierda dejando la esfera atrás. De repente una criatura distantemente canina le sale al paso. Es un ser imponente. Las fauces aceradas levantan chispas al cerrarse. Emite un rugido aterrador que se encañona en el corredor.

Nuestro hombre se contrae temiendo lo peor pero inexplicablemente la criatura permanece quieta, resoplando vapor ardiente por los orificios del hocico. Estoy perplejo. Quiero avanzar pero la criatura no me lo permite. Parece un ser agresivo pero por algún motivo no arranca a atacar. ¿Qué hago?

Casi con aprensión nuestro hombre le lanza un bolígrafo certeramente entre los ojos anaranjados. La criatura se desvanece con un ¡plaff! Suenan fanfarrias y nuestro hombre se siente de repente más experimentado. Unas monedas se materializan en el bolsillo, llueven tónicos reparadores.

Nuestro hombre no comprende nada. Corre hacia la distante luz que se intuye al fondo del pasillo. Corre sin pausa durante varios minutos y la luz parece seguir tan lejana como al principio. Otra esfera luminosa aparece frente a él. ¿Quiere guardar partida? Bueno…nunca se es suficientemente precavido. Sí.

Continúa su camino y más criaturas le acosan. Va despachándolas   una a una con elegantes estocadas de tinta. Otra esfera. ¿Quiere guardar partida? Sí. Demonios.

Criaturas y criaturas. Los bolsillos del pantalón parecen mofletes de ardilla, a punto de reventar por el peso del dinero. Tiene que correr sujetándose los pantalones. Cae otro tónico del cielo. Maldita sea. Me encuentro perfectamente. No quiero beber más.

Por fin llega al final del pasillo. Un muro humeante le impide ver más allá. Temeroso da un paso y cruza el umbral. ¿Quiere guardar partida?

La oscuridad invade la sala. A nuestro hombre le cuesta unos instantes acostumbrarse a la penumbra pero  aun padeciendo ceguera temporal reconoce el lugar. Huele deliciosamente a palomitas. Una voz cavernosa emerge de los altavoces.

-Simba. Algún día, todo esto será tuyo.-

-¿Todo?-

-Sí. Todo –

-¿También eso de allí?

Simba señala una mancha gris en la sabana.

-Si Simba-  Es un lugar oscuro. El cementerio del fandom. Pero algún día, comprarás Marvel y te aliarás con Square- Enix y entonces Simba, también será tuyo y se llamará el Reino de los Corazones.

¡Noooooo! Nuestro hombre se revuelve en la butaca. Se agita espasmódicamente en medio de tremendas convulsiones. Borbotones de espuma  salpican desde las comisuras. ¡Qué alguien llame a un médico!

Nuestro  hombre reconoce el anodino estampado de la moqueta. Está de nuevo en el hotel. El salón de actos parece la calle principal de un pueblecito del far west. Sólo queda por allí un empleado de la limpieza bailando solitariamente con su escoba.

Quizás aquel tipo sepa que ha pasado.

-¿Disculpe? Yo…vengo, quiero decir, estaba buscando la convención de Squaresoft.

-¿Square-Enix?

Demonios. Era cierto.

-Si bueno lo que sea.

-Lo siento amigo. Ya terminó.

Nuestro hombre se lamenta. Al final voy a regresar a casa sin ninguna primicia. Ya puedo ir despidiéndome del trabajo. Tendré que desempolvar la cámara. En realidad los bautizos no se pagan tan mal.  Esquiva unas cuantas sillas y se dirige hacia la salida. Necesita una buena ducha. Está a punto de salir cuando se gira hacia el empleado del  hotel.

-Oiga. No habrá escuchado por casualidad alguna noticia sobre los próximos lanzamientos de Square…

-…Enix-

-Sí.

-Claro. ¡Por fin han hecho caso a los fans! – Se le ilumina el rostro con auténtica emoción.-

-No me diga que están preparando ¡Un  remake de FFVII!

-No, estúpido. Han anunciado Final Fantasy X-2.

Bueno. No estaba tan mal. Al fin y al cabo la primera entrega había sido una maravilla.

 -¿A que siempre ha deseado un sistema de combate basado en los vestidos de las protagonistas?-

-¿Cómo dice?-

El empleado se giró canturreando una estridente melodía J-Pop. Nuestro hombre decidió que no necesitaba aquella ducha tanto como pensaba. Volvió a la barra. Saltó derribando unas cuantas copas y alcanzó una botella de whiskey obscenamente caro de la estantería.

Hyperion (con un 75% menos de spoilers que otras reseñas de la red)

Publicado por Alexander Bukarov.

Basta sumergirse unas pocas páginas en Hyperion (Dan Simmons, Doubleday, 1989) para comprender que el universo concebido por el autor no va a ser compasivo ni con sus propios personajes ni con el lector. La sombra del  titán cromado conocido como Alcaudón acecha a cada vuelta de página sembrando muerte. Tambores de guerra resuenan en todas las colonias anunciando un conflicto galáctico con los temidos Exter, hermanos perdidos de la humanidad, al  tiempo que  las IA tejen sus planes insondables en el vacío.

Cada frase de esta novela sugiere enigmas que rogamos encuentren respuesta y no nos dejen con un agrio regusto a macguffin en la boca. ¿Qué es el Alcaudón? ¿Y el cruciforme?, ¿Las mareas antientrópicas? ¿Las tumbas del tiempo? ¿Por qué se exiliaron los Exter al “afuera” hace ya miles de años? ¿Qué secretos oculta el Tecno-Núcleo? ¿Hay alguna esperanza en las estrellas?

La historia narrada en esta novela  es la historia de una peregrinación.  De siete viajeros espaciales (Sacerdote, Militar, Poeta, Filósofo, Templario, Detective y Cónsul) con personalidades y motivaciones dispares, si no directamente opuestas, reunidos por la misteriosa Iglesia del Alcaudón para dirigirse a Hyperion, planeta en el que reside la clave para salvar la  galaxia de la destrucción.

Simmons acierta de lleno al  trasladar el planteamiento de los Cuentos de Canterbury de Chaucer a los escenarios de una Space Opera con elementos cyberpunk.  De modo que el desarrollo de la trama principal se ve complementado con  la narración que hace cada personaje sobre su pasado y los motivos que les empujaron a realizar este viaje apocalíptico. Estos relatos constituyen el alma de la novela, y cada uno se nos revela como una pequeña pieza de un puzle brillantemente concebido.

Al dividir la novela de esta manera Simmons consigue generar al lector una sensación de cercanía, de proximidad al personaje. Conocemos sus secretos, sus anhelos, esperanzas o desesperanzas según el caso, relaciones familiares, conexión con el Alcaudón e Hyperion, etc. Al mismo tiempo y con toda la intención nos  aporta información fragmentaria  sobre el vasto entramado que se ha ido tejiendo a nivel interestelar y que por separado cada protagonista ignora. Habrá momentos en los que al contrastar diferentes puntos de vista,  nos preguntemos si la narración que cada uno de ellos acaba de compartir no será más bien una farsa, manteniendo al lector en tensión. Haciendo muestra una vez más de maestría en su campo Simmons emplea pequeños trucos para romper la dinámica “me presento y les hablo de mi pasado”, utilizando diarios, grabaciones, poemas, y carismáticos secundarios.

Simmons se podía haber contentado con revelar la trama desde distintos personajes pero va más allá.  Parte del axioma un nuevo personaje, un nuevo género. Así nos encontramos con narraciones filosófico-metafísicas, de acción, ciencia ficción de línea dura, poesía, etc. Y la temática varía de historias opresivas rayando el terror, para pasar al relato épico o la evocación decadente. Los personajes ganan en verosimilitud al expresar su percepción de los hechos mediante el género más acorde con su personalidad y circunstancia.

Sin desvelar mucho más de la historia, pues ya me acerco a ese 25% que me había propuesto, debo mencionar la sutileza con que se trata la figura del Alcaudón. Su amenaza empapa todo el relato. Apenas una descripción superficial aportando detalles de su fisionomía metálica basta para auparlo a la categoría de villano. No nos hace falta conocer sus planes, si es que los tiene. Nos basta con saber que  ¿vive? empujado por la pulsión de matar. Que frente a su naturaleza animalística no hay lugar para el razonamiento. Y vamos anticipando en nuestra imaginación el momento en que los peregrinos tengan que hacerle frente.

Como punto negativo debo mencionar que el desenlace del libro se antoja algo acelerado, más aún cuando ha llevado cientos de páginas reseñar un viaje de pocos días. En particular, y dejando claro que no llega a  resultar decepcionante, la narración del Cónsul, personaje capital, se ventila atropelladamente. ¿Quizás se trataba de vincular una vez más el estado emocional del personaje al estilo narrativo?

Igualmente en las últimas líneas nos topamos con un guiño al Mago de Oz sumamente artificial y forzado. De repente los protagonistas actúan de forma completamente opuesta a  lo que el lector podría esperar con la información que se nos ha proporcionado.  ¿Alguien se imagina a Brawn Lamia tendiendo la mano hacia el poeta? No descarto que Simmons  pretendiera subrayar la evolución de los personajes con el transcurso del viaje pero intuyo otro motivo más prosaico. Teniendo en cuenta la existencia de una saga de cuatro libros me inclino por pensar en una injerencia editorial obligando a concebir un punto de inflexión en una novela que se acercaba a su clímax. La lectura de La Caida de Hyperion, segundo volumen de esta fábula seguramente arroja luz a esta cuestión.

Probablemente esta pequeña reseña  no haya hecho justicia a la opinión que tengo sobre este libro. Es una joya. Una experiencia ineludible para todo fan de lo que siempre ha sido la buena ciencia ficción, mezcla de acción y dilemas que aviven la llama de nuestra imaginación a partes iguales.  Si a pesar de todo lo dicho no te atrae la lectura de Hyperion te recomiendo que les des una oportunidad a las narraciones del Sacerdote y el Filósofo, incluso separadas del cuerpo principal son el paradigma de ese arte que a buen seguro perdurará  por siempre en la tierra o en alguna futura colonia espacial: el arte de contar historias.

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(El Alcaudón. Una especie de Raphael galvanizado con muy mala leche. Na-na-na-na estas muerto)

Fuente imagen: culturespub.files.wordpress.com

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