Archivos Mensuales: junio 2013

Superman: Red Son

¿Y si Superman fuera comunista? ¿Y si el hijo predilecto de América, el primer superhéroe, aquel que llevaría el ideal “democrático” americano a la estratosfera fuera el líder de los bolcheviques?

Algo parecido debió de preguntarse el irreverente Mark Millar (Kick Ass, Nemesis, Ultimates, Ultimate X-Men, Ultimate Fantastic Four, 1985, Wolverine Old Man Logan etc) cuando aunó fuerzas con Dave Jhonson y decidieron crear un cómic en el que el universo DC daba una “ligera” vuelta de tuerca. Esta era, como quizás podéis imaginar, situar el nacimiento de Superman, el aterrizaje de la nave de Kryptom, en un pequeño pueblo de la Rusia de la URSS. El conflicto estaba servido.

Con tan simple elección de lugar y tiempo, en plena guerra fría, que Superman se revelara haría que la carrera armamentística fuera automáticamente y sin lugar a oposición ganada por Rusia. Ello sumiría a EEUU en una gran depresión, puesto que la posterior muerte de Stalin y el acceso de Superman al liderazgo de la URSS crearía una URSS mundial (de afiliación más o menos voluntaria) con un EEUU que sin amigos que soporten su capitalismo se hunde más y más cada día.

Lo cojonudo de todo esto es que, aunque quizás no todo el mundo esté de acuerdo, el comunismo es un sistema que se sostiene en base a la utopía de que el hombre es bueno. Funcionaría si sus líderes fuesen incorruptibles y esencialmente buenas personas. Si pones a Superman al frente de todo ello, al que otrora fuera el gran Boy Scout de Metrópolis, el comunismo es conducido por alguien que no permite la corrupción, la tortura o la riqueza de sus líderes entre sus filas.

Pero Millar no es comunista. Ni tampoco capitalista. No hizo un cómic reivindicativo. Para nada. Y es que, en la URSS de Superman también hay personal corrupto que trata de escapar del siempre vigilante ojo de Superman, matando y torturando al pueblo. Uno de ellos, un comisario, sería quien matara a los padres del Batman de este nuevo universo. Creando un superhéroe que básicamente es la anarquía personificada. Que vive y lucha para evitar la predeterminación del destino que ha creado Superman, que es bueno, pero no permite la libertad de su pueblo porque considera que se perdería a sí mismo.

Otros héroes también cambian radicalmente como Wonder Woman o Green Lantern, pero si tengo que señalar a alguien como el gran triunfo de esta obra ese es sin duda, Lex Luthor. En este cómic, Luthor es el magnate americano que todos conocemos pero que es contratado durante años por la CIA para desarrollar un arma que derrote a Superman y que haga que America vuelva a estar a la cabeza de la carrera armamentística. Esas armas no son sino villanos clásicos del Hombre de Acero (Bizarro, Mentallo, Doomsday…).

En fin, Superman: Red Son (Hijo Rojo en España y que ahora está reeditado por ECC ediciones a 15,50 €) es una obra del cómic que no debe ser desperdiciada, pues tanto si te gusta Superman como si no (quien esto escribe lo odia y considera que estamos ante el héroe que menos ha evolucionado en 70 años) es una obra maestra que sin olvidar los rasgos principales del cómic actual de superhéroes (acción, conspiración mundial, nihilismo) hace un bello ejercicio de hipótesis histórica de nuestro mundo y del Universo DC que es el deleite de todo lector.

Se despido Darth_Tintus, que se marcha a intimar con el lado oscuro con un buen vino San Berbabeño.

Excelsior!!!

Superman Red Son

Superman Red Son (Photo credit: Alexander-R)

 

 

 

 

 

Vagabond: Conocer la espada es conocerse a uno mismo

vagabond (1)

Cada cierto tiempo, una obra que parecía destinada a ser disfrutada por un público muy concreto, casi  podríamos decir concebida para ocupar un  nicho comercial determinado, trasciende esa barreras invisibles que se construyen sobre filias y gustos colectivos, para pasar a formar parte de la cultura popular.

En más raras ocasiones esas obras logran la mayor; conjugar el éxito comercial con el reconocimiento de la crítica especializada. Sucedió hace más de dos décadas con Maus de Art Spiegelman, un comic eminentemente underground que se servía de un recurso arriesgado, animales antropomorfos como protagonistas, para narrar la historia de su padre superviviente del holocausto.

Vagabond pertenece sin lugar a dudas a esta última categoría de obra universal, sin que por ello renuncie a las señas de identidad propias del manga y la cultura japonesa.

Takehiko Inoue nos cuenta la historia de Miyamoto Musashi, legendario samurái errante que vivió  en las postrimerías del Sengoku Jidai; el Periodo de los Reinos Combatientes. De hecho el inicio del manga se sitúa en la batalla de Sekigahara, considerada el punto de inflexión de esta era, en la que el daimio Tokugawa Ieyasu se hizo con la victoria frente a los seguidores del clan Toyotomi, inaugurando así un periodo de estabilidad  prolongada bajo el shogunato que lleva su nombre, el shogunato Tokugawa.

Fuente: www.mangareader.net

Aunque Sekigahara supone el fin de la guerra en Japón, para Musashi no es sino el comienzo de una conflagración interior, una lucha para encontrarse a sí mismo. Al comienzo de la historia es poco más que un adolescente, pero uno que ha conocido la guerra y ha templado su espada. Orgulloso y consciente de su habilidad, no duda en enfrentarse a quienquiera  se le ponga por delante. Pero cada vez que entabla combate se enfrenta tanto al rival como a sí mismo, y no pocas veces derrama sangre sólo para demostrar que es el más fuerte. Afortunadamente cruzará caminos con Takuan Soho, un monje budista de la escuela Rinzai que le hará percatarse de que, en tanto no se libere de la rabia que le domina jamás podrá alcanzar la maestría en el arte de la espada, y más importante, en la vida. Para ello, y habiendo alcanzado por fin algo de paz,  se embarca en el “musha shugyō”, un viaje geográfico y espiritual que llevaban a cabo los samuráis con el objetivo de perfeccionar su habilidad marcial.

Musashi se convierte progresivamente en un personaje complejo, que va añadiendo a su volcánica personalidad nuevas facetas resultado de interactuar con innumerables personajes. La grandeza de este ronin reside precisamente en su capacidad de aprendizaje y su fuerza de voluntad. Es un hombre liberado de todo prejuicio, que se ha criado salvaje y libre en las montañas. Convencionalismos sociales típicamente japoneses como la vergüenza o el respeto por la autoridad no le constriñen. Por ello Musashi, a diferencia de la gente que le rodea, está siempre en constante evolución. Si ha elegido un camino que le aleja de su objetivo lo desanda, si es derrotado, trata de comprender la técnica del enemigo y reproducirla.  El fracaso se convierte en un estímulo para  mejorar, y esta constante la aplica a la espada, la caligrafía, la talla de budas, la meditación…En definitiva Musashi cambia, pero su meta permanece inalterable; convertirse en “el más fuerte bajo el sol”.

El manga, sobresaliente en todos los capítulos, alcanza cotas de obra maestra con la introducción de Sasaki Kojiro, otro samurái histórico y que fue el rival más famoso de Miyamoto, representado aquí como un delicado y letal espadachín sordomudo. El autor utiliza la tara de Kojiro como pretexto  para explotar al máximo los recursos estilísticos del comic, haciendo prevalecer el componente visual sobre el escrito, concibiendo imágenes que impactan por su pureza y su carga narrativa. Las escenas en las que Kojiro observa cautivado  el romper de las olas contra los acantilados son una metáfora perfecta de su actitud hacia el combate. Kojiro no es consciente de toda la violencia, la confusión, el estruendo que acompaña el batir del mar, tan sólo percibe belleza.  Igualmente, cuando encara al enemigo, es ajeno a sus insultos, al silbido de la hoja al abandonar la vaina, las peticiones de clemencia no le distraen, el estertor que preludia la muerte no le atormenta en sus sueños… El combate es su medio de expresión y Kojiro es un artista.

Aunque el que escribe estas líneas ya conoce el final de una historia mil veces contada en el cine y la literatura japonesa, el talento con el que el autor desarrolla la trama no hace sino alimentar la expectación por descubrir con cada tomo los pasos que conducirán a estos dos gigantes hacía el inevitable duelo final. Una lucha de estilos cuyo desenlace será con certeza amargo para el lector, quienquiera resulte victorioso.

Miyamoto

Sólo me queda invitaros a que deis una oportunidad a este manga y os unáis a Miyamoto Musashi en su peregrinación, un auténtico tour de force que nos cambiará a nosotros tanto como a él.

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